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Kant: La Crítica de la razón práctica

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CRITICA DE LA RAZÓN PRACTICA

Kpv

Ética heterónoma:

Relaciona la norma de moralidad con Dios

Supone el conocimiento de Dios y del hombre

y el conocimiento de lo que es bueno y malo

Conocimiento que está en la conciencia

La voluntad depende de algo distinto de ella misma.

Toda ética que se base en la búsqueda de la felicidad es heterónoma, pues introduce fines materiales y contamina la pureza de intención.

Kant plantea una ética autónoma:

No pasa por el rodeo del conocimiento

Tiene lugar por el hecho de que el hombre es hombre

La praxis es algo mas primario que la ciencia

Pertenece a todo hombre: al sabio como al campesino

Si la ética depende del conocimiento se privilegia al docto.

No se puede hacer depender del conocimiento de Dios (No se "sabe" si Dios existe)

Maneja un concepto de hombre: ser racional finito que necesita principios a priori para determinar su conducta

La moral evangélica no es eudemonista porque proclama la pureza del principio moral

El hombre para Kant es un ser racional finito

Es Razón y Sensibilidad (por eso puede haber desacuerdo entre Razón y voluntad)

La conciencia de deber es por un lado expresión de su grandeza sobrehumana y a la vez es sello de su finitud esencial

En un ser sólo razón el deber no tendría sentido (pues no habría desacuerdo entre razón y voluntad)

QUERER <<<<<<<<<Inclinaciones de la Sensibilidad>>>>>>>>>>>DEBER

Mueven contrariamente al imperativo de la Razón

La voluntad del hombre no es santa sino que debe hacerse santa respetando en su conducta la ley santa e inviolable.

La moralidad no es la racionalidad necesaria de un ser infinito sino la racionalidad posible de un ser finito que no puede dejarse guiar por la razón o seguir sus inclinaciones egoístas.

En esta posibilidad de elección consiste la libertad que hace de él un ser moral.

¿Por qué una crítica de la Razón práctica?

 Crítica es el examen de las posibilidades y pretensiones de una facultad con el fin de poner al descubierto los límites dentro de los cuales su uso es legítimo.

La Razón solo puede moverse dentro de los límites de la experiencia. O sea a la pregunta )Qué puedo conocer? la respuesta será : lo que comience con la experiencia.

Ahora la Razón pura no tiene solo un uso teórico sino también un uso práctico.

La Razón práctica no pretende conocer, su objeto no es lo conocido, sino lo querido o decidido. No pretende conocer sino ponerse al servicio de la acción. Sus actos son imperativos: dicta sus normas a la voluntad y le señala el camino del buen hacer moral

En la Critica de la Razón Pura se criticaba las pretensiones de la razón teórica de trascender la experiencia.

En la Critica de la Razón práctica se critica las pretensiones opuestas de la Razón práctica de quedar siempre ligada a la experiencia. (por eso no se llama Crítica de la Razón Pura práctica.)

LA razón pura práctica tiene como misión dirigir la voluntad desde sí misma, sin contar para nada con la experiencia. No cabalga sobre ninguna experiencia. Por eso no necesita ser criticada, tiene perfecto derecho a conducirse como se conduce.

En la 1° Crítica:

Se somete a juicio el uso teórico de la razón

Ilegítimo por ser trascendente

Se parte de un hecho: El progreso de las ciencias fisicomatemáticas

Se pregunta: cómo son posibles los Juicios Sintéticos a priori

Se sitúa en el plano Fenoménico

En la 2° Crítica :

Se somete a juicio el uso empírico práctico

Ilegítimo por ser empírico

Se parte de un hecho: la obligación moral, el imperativo de la razón

Se pregunta: ¿Cómo es posible la obligación moral?

¿Cómo son posibles los Juicios Sintéticos A priori prácticos.?

Se utiliza un método trascendental: del hecho a  las condiciones de posibilidad 

Se sitúa en el plano Nouménico: la praxis es siempre real y se ejerce sobre realidades (no sobre fenómenos)

La Critica de la razón practica tiene solo por obligación quitar a la razón empíricamente condicionada la pretensión de querer proporcionar ella sola, de un modo exclusivo, el fundamento de determinación de la voluntad.

De ahí su posibilidad de adentrarse sin salir de la esfera de su propia realidad, en el mundo noumenal e inteligible que antes era inaccesible a la razón pura teórica.

Sin duda la acción no suple el defecto de la intuición, las ideas trascendentales no reciben ninguna determinación teórica nueva. Pero unidas al carro de la acción, son investidas de la realidad inmediata de la misma acción.

Todo esto es válido en el supuesto de que la acción no sea determinada por condiciones empíricas (sería subjetiva)

La acción ha de ser a priori y absoluta en las condiciones que la determinan.

La ley moral como imperativo categórico

El punto de partida es el Hecho de la pura razón: el hecho moral

La ley moral no necesita ser deducida, se impone por sí misma (conciencia del deber):"necesidad de realizar una acción por respeto a la ley"

LA idea de deber no puede sacarse de la consideración de la naturaleza. Allí las cosas son lo que son y nada más, sucede lo que tiene que suceder. El deber redime al hombre del mundo sensible y lo hace ciudadano del mundo inteligible. La ética kantiana se basa en el supuesto de que la razón puede determinar según principios (juicios prácticos) a la voluntad.

Los principios prácticos: son determinaciones generales de la voluntad de las que dependen numerosas reglas prácticas particulares.

Ej: Principio práctico: cuida tu salud

    reglas prácticas particulares:  haz deporte, aliméntate adecuadamente...

Los principios prácticos pueden ser:

máximas ( subjetivas)

Imperativos (objetivos): a) hipotéticos; b) categóricos 

Las máximas son principios prácticos que sólo se aplican a los sujetos individuales que se las proponen a sí mismos, pero no a todos los hombres, y por tanto son subjetivas.

Por ejemplo: "véngate de todas las ofensas que recibas" es una máxima porque solo es válido para aquel que la sostiene y no se impone en absoluto a todos los seres razonables.

Los imperativos en cambio son válidos para todos. Son mandatos o deberes, reglas que expresan la necesidad objetiva de la acción..

Los imperativos pueden ser de dos clases:

a) hipotéticos: Cuando determinan la voluntad solo en el caso de que ésta quiera alcanzar determinados objetivos.

Por ejemplo: "si quieres aprobar, estudia", "si quieres ser campeón en un deporte, entrénate". Estos imperativos son válidos únicamente con la condición de que se quiera el objetivo que se proponen, y por eso son hipotéticos (son válidos en la hipótesis de que se quiera tal fin). Tener o no el deseo de alcanzar ese fin es algo que depende del actuante, por tanto su imperatividad -su necesidad- está condicionada.[1]

b) categóricos Cuando el imperativo determina la voluntad no en vista de obtener un efecto determinado que se desee, sino simplemente como voluntad, prescindiendo de los efectos que pueda lograr.

El imperativo categórico no dice, por lo tanto" si quieres...debes" sino "debes porque debes"

Los imperativos categóricos -y sólo ellos- son leyes prácticas que resultan válidas incondicionalmente para el ser racional.

La regla es objetiva y universalmente válida cuando se aplica con independencia de todas las condiciones subjetivas accidentales, que pueden encontrarse en un ser racional, pero no en otro.

Sólo los imperativos categóricos son leyes morales. Estas son universales y necesarias, pero no de la misma forma que las leyes naturales. Las leyes naturales no pueden no cumplirse,  mientras que las leyes morales pueden no cumplirse, porque la voluntad humana no sólo está sujeta a la razón, sino también a las inclinaciones sensibles. En consecuencia puede desobedecer, y precisamente por eso las leyes morales  reciben el nombre de "imperativos" o "deberes"

Según Kant, desde el momento en que se obra por motivos empíricos procedentes de la sensibilidad, desde el momento en que se actúa por interés o por deseo de eficacia, se está fuera del orden moral. Cualquier moral fundamentada empíricamente sería no solamente contradictoria, sino incluso inmoral. Sólo actúa moralmente quien obra únicamente en beneficio de la razón, sin ningún móvil sensible, sólo por obedecer a la razón pura.

Además el sentimiento popular )no se acerca a la filosofía cuando estima que alguien ha obrado bien si la intención que le ha movido a la acción era buena y solamente en este caso, es decir, si estaba impulsado por la intención de cumplir su deber, únicamente por ser su deber, y no por interés? El comerciante que no engaña con sus precios y sus balanzas a fin de no perder su clientela, no obra moralmente, cumple su deber materialmente, pero no formalmente, él actúa en conformidad con su deber, pero no por deber. Sólo será auténticamente honrado cuando haga eso mismo únicamente por respetar la ley procedente de la razón.

Se ha establecido que  la ley moral es un imperativo categórico, es decir, incondicional, válido por sí mismo. Ahora hay que determinar:

1- Cuáles son los rasgos esenciales de este imperativo

2- Cuál es la fórmula que lo expresa mejor

3- Cuál es su fundamento (la condición que lo hace posible)

1. La esencia del imperativo categórico

El imperativo categórico -la ley moral- no puede consistir en mandar determinadas cosas, por nobles y elevadas que sean éstas. La ley moral no depende del contenido.

Kant llama "ley material" a aquella que depende del contenido. Si subordinamos la ley moral a su contenido, caeremos según Kant en el empirismo y en el utilitarismo, porque en ese caso la voluntad está determinada por los contenidos, según que éstos la complazcan o no. (ver nota 1) Las reglas prácticas materiales ponen su fundamento en la facultad inferior de desear. En esta facultad se da un  querer, pero determinado a posteriori, por una representación de los sentidos o del entendimiento.

¿De qué depende entonces la ley moral?  Si prescindimos de su contenido, sólo queda su forma. La esencia del imperativo, pues, consiste en que tenga validez en virtud de su forma de ley, gracias a su racionalidad. La ley moral lo es en la medida en que prescribe que yo la respete en cuanto ley ("debes porque debes"), y es tal porque posee una validez universal universal, sin excepciones.

Al decir esto, Kant se limita a trasladar su propio lenguaje filosófico al principio evangélico según el cual no es moral lo que se hace, sino la intención con que se hace.

Para obligar a querer una cosa, es preciso utilizar promesas o amenazas, mientras que para obtener una determinada intención -y por lo tanto una libre adhesión de la voluntad- no se puede aplicar tal procedimiento: la adhesión conseguida no será libre y, por lo tanto, no procedería de la libertad del sujeto actuante. Por eso Kant afirma  que la ley moral sólo puede ser formal y no material. (..sin la suposición de ningún sentimiento, sin representaciones de lo agradable o desagradable como materia de la facultad de desear.)

Quiere decir que nuestra moralidad no depende, en última instancia de las cosas que queremos, sino del principio por el cual las queremos. La esencia del imperativo categórico consiste en ordenarme cómo debo querer aquello que quiero y no lo que debo querer. Por lo tanto, la moralidad no consistirá en lo que se hace, sino en cómo se hace lo que se haga.

2. Las fórmulas del imperativo categórico

¿Cual puede ser ahora el imperativo moral salido de la razón? Hemos visto que la razón pura es la facultad de la universalidad absoluta e incondicionada afirmada enteramente a priori. La única orden que puede emanar de ella será, pues, la de actuar de una manera racional, es decir, universal.

"Obra de tal manera que puedas querer que la máxima de tu acción llegue a ser una ley universal" Esta es la célebre formulación del imperativo categórico o incondicional procedente de la razón pura. El único ccriterio, enteramente formal, para saber si yo obro bien al hacer tal o cual cosa, es el preguntarme )puedo querer verdaderamente, sin contradicción, que la línea de conducta que yo voy a adoptar se extienda a todos y llegue a ser una ley universal? Tal es la exigencia de la razón pura.

Lo que nosotros llamamos familiarmente la voz de la conciencia no es otra cosa, para Kant que este imperativo de la razón pura que se dirige a nuestra voluntad empírica interesada ordenándole someter sus móviles egoístas a la universalidad incondicional de la razón.[2]

¿Qué quiere decir Kant al establecer como noma de moralidad de una acción que la máxima que la rige pueda o no convertirse en ley universal? La interpretación obvia es suponer que son inmorales aquellas máximas que, de pensarse como universales, resultan contradictorias.

Me pregunto si es lícito mentir para salir de algún apuro, al punto reconozco que yo muy bien puedo querer la mentira, pero no puedo querer hacerla universal. Si la mentira se convirtiese en ley universal, carecería de sentido hacer una promesa. Nadie creería en mi palabra y cualquiera podría pagarme con la misma moneda. La máxima no puede convertirse en ley universal sin autodestruirse. En un mundo en el que todos dijesen necesariamente mentiras sería imposible vivir.)Se podría vivir en un mundo en el que todos asesinasen o robasen necesariamente? Contempla tus acciones desde una perspectiva universal y te darás cuenta si son acciones moralmente buenas o no. Es un modo complejo de expresar el sencillo precepto evangélico: "no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a tí"

En la Fundamentación de la metafísica de las costumbres Kant añade otras formulaciones. "Obra de tal modo que trates siempre a la humanidad ya en tu persona, ya en la de los demás, no únicamente como medio, sino también al mismo tiempo como fin"

Se llama fin a lo que sirve de objetivo a la voluntad que se determina por sí misma.

Medio es aquello que sólo contiene el principio de posibilidad de la acción pretendida

Cosas son los seres cuya existencia no depende de la voluntad, sino de la naturaleza, sólo tienen el valor relativo de medios

Personas: seres racionales, su naturaleza crea en sí sus fines, no pueden emplearse como medios. Su existencia es por sí mismo un fin que no se puede subordinar a otro (En el suicidio incluso, se utiliza a sí mismo como medio, por ello es inmoral) El hombre es el único ser que da valor a su vida y es el único ser llamado a dar sentido a su vida

Kant no dice que no podamos servirnos de otra persona como medio para un determinado fin. Ello haría imposible la vida social. Cuando yo voy al sastre o al zapatero le utilizo inevitablemente como medio para procurarme un traje bien cortado. Lo que Kant dice es que no podemos tratar nunca a un hombre sólo como medio, como si fuera una cosa, sin respetar al mismo tiempo como persona.[3]

3. La libertad como condición y fundamento de la ley moral

La existencia de la ley moral (el imperativo categórico) no necesita ser justificada o demostrada. Se impone a la conciencia como un hecho de la razón, y este hecho sólo se puede explicar si se admite la libertad. Adquirimos conciencia de la libertad precisamente porque antes que nada tenemos conciencia del deber. La libertad es la primera condición de posibilidad del imperativo categórico. Si la ley moral no estuviese en la razón no podríamos admitir la libertad. El darse el deber me comunica eo ipso que soy libre (o de otro modo el deber no tendría sentido) y por lo tanto me indica la dimensión no fenoménica de la libertad, aunque sin hacer que yo la capte cognoscitivamente en su esencia.

En conclusión: conocemos primero la ley moral (el deber) en cuanto "hecho de la razón" y después inferimos de ella la libertad, como su fundamento y su condición. Para ofrecer un ejemplo particularmente elocuente, si un tirano -amenazándote- te obliga a dar testimonio falso en contra de un inocente, puede muy bien suceder que por temor cedas y digas una falsedad; después tendrás remordimiento por ello. Esto significa  que comprendes muy bien que debía decir la verdad, aunque no lo hayas hecho. Y si debías decir la verdad, entonces también podías (aunque hayas hecho lo contrario). El remordimiento indica precisamente que debías, y por lo tanto podías. Debes, en consecuencia, puedes. (Du kannst, denn du sollst) 

Significado del principio de autonomía moral

No debemos actuar para conseguir la felicidad, sino que debemos actuar únicamente por puro deber. Sin embargo, al actuar por puro deber, el hombre se vuelve "digno de felicidad", lo cual tiene consecuencias muy importantes

Todas las éticas prekantianas se dedicaban a determinar qué era el bien moral y el mal moral, y como consecuencia deducían la ley moral, que prescribe obrar el bien y evitar el mal. Kant, como consecuencia de su formalismo, invierte por completo los términos de la cuestión: "El concepto de lo bueno y lo malo no deben ser determinados antes de la ley moral, sino únicamente después de ésta". Esto significa que "no es el concepto del bien como objeto el que hace posible y determina la ley moral, sino al revés la ley moral la que determina primero el concepto de bien.(sibi lex, sic volo, sic iubeo)

El rigorismo kantiano

Teniendo presente lo dicho hasta ahora, es evidente que según Kant no basta con que una acción se haga de acuerdo con la ley, en conformidad con la ley. En este caso, la acción podría ser meramente legal (hecha en conformidad con la ley) pero no moral. Para ser moral, la voluntad que se halla en la base de la acción debe estar inmediatamente determinada por la sola ley y no " a través de la mediación del sentimiento, cualquiera que sea su especie". Toda intervención de móviles voluntarios distintos a la simple ley moral son causa de hipocresía. SI hago caridad a un pobre por puro deber, realizo una acción moral; si la hago por compasión (que es un sentimiento extraño al deber) o para mostrarme generoso (por mera vanidad), hago una acción simplemente legal o, incluso hipócrita.

Como es obvio, el hombre en cuanto ser sensible no puede prescindir de los sentimientos y las emociones; pero cuando éstos irrumpen en la acción moral la contaminan. Incluso cuando nos empujan en el sentido indicado por el deber se muestran peligrosos, porque existe el riesgo de que hagan que la acción descienda desde el plano moral hasta el puramente legal, en el sentido antes mencionado.[4]

Todo esto sirve para explicar mejor los rasgos de la ley moral en cuanto deber. La ley moral, en la medida en que excluye el influjo de todas las inclinaciones sobre la voluntad, pone de manifiesto una coerción práctica de las inclinaciones, un sometimiento de éstas y se configura como obligatoriedad. En un ser perfecto la ley moral es ley de santidad, mientras que en un ser finito es deber.

Los postulados de la razón práctica y la primacía de la razón práctica con respecto a la razón pura

Aquel mundo inteligible y nouménico que huía ante la razón pura, y que sólo se le presentaba como una exigencia ideal (las ideas de la razón), se vuelve así accesible por la vía de la práctica. La libertad (objeto de la tercera antinomia de la idea cosmológica), la inmortalidad (del alma) y Dios, en la Crítica de la Razón práctica dejan de ser simples ideas (exigencias estructurales de la razón) para convertirse en postulados.

Los postulados "no son dogmas teóricos, sino supuestos, con una perspectiva necesariamente práctica; por tanto no amplían el conocimiento especulativo, pero conceden una realidad objetiva a las ideas de la razón especulativa en general.

La fuerza de los postulados reside en el hecho de que nos vemos obligados a admitirlos para poder explicar la ley moral y su ejercicio. Si no los aceptásemos, no podríamos dar razón de la ley moral. Y como ésta es un hecho innegable, también resulta innegable la realidad de aquellos.

El primer postulado de la razón práctica es el de la libertad. En el plano teórico no podemos probar que somos libres. Por el contrario, cada una de nuestras acciones, en el nivel de los fenómenos, tiene que ser interpretada como un fenómeno unido causalmente a otro fenómeno. El entendimiento científico no alcanza nunca más que el determinismo estricto de los fenómenos, no puede sino ignorar la libertad. En cuanto a la razón especulativa pura, ella puede "pensar" metafísicamente que nuestra alma está dotada de libertad, pero es incapaz de "conocerlo" demostrativamente. Más la razón en nosotros no es solamente teórica, es también práctica. En cuanto que es práctica me ordena actuar de manera puramente racional, en una completa independencia del mundo de los sentidos. Pero obrar así, es precisamente ser libre, es determinarse por sí mismo conforme a la razón. la voz práctica de la razón en mí me obliga a afirmar que soy libre. A partir de la evidencia primera del deber moral, a partir de este hecho racional primordial que es el imperativo categórico, yo debo postular la libertad. De otro modo, la razón práctica me impondría un deber irrealizable, lo que quiere decir que, al contradecirse ella misma, sería irracional. La coherencia de la razón consigo misma exige, pues, la realización de mi libertad. "Debes, luego puedes", afirma el célebre adagio kantiano, tú debes hacer tu deber, pero tú sólo puedes hacerlo si eres libre, luego tú estás autorizado por la razón a postular prácticamente que eres realmente libre. De esta manera, por su exigencia moral absoluta, la razón práctica me revela que yo no soy solamente un fenómeno determinado unido al conjunto de la naturaleza, sino una realidad metafísica inteligible, una noúmeno que, como cosa en sí, está dotado de libertad.[5]

El segundo postulado de la razón práctica es el de la  inmortalidad del alma. La razón práctica me obliga a ser santo, es decir, a obrar únicamente por deber, en una obediencia perfecta a la ley moral que la libertad racional se da a sí misma. Ahora bien, en la medida en que yo soy en este mundo un ser racional sumergido en el mundo sensible, soy incapaz de deshacerme totalmente de los intereses egoístas de mi sensibilidad para obrar por puro respeto a la ley. Y, sin embargo, la razón no me ordena por ello menos imperiosamente el cumplir el deber por el deber, descartando toda búsqueda de éxito empírico. A menos que la razón misma sea irracional -lo que es imposible- yo debo postular la posibilidad de un progreso hasta el infinito en dirección a esta santidad moral.. Mas este progreso indefinido sólo es posible si mi personalidad persiste indefinidamente en el ser, más allá de la muerte que afecta a mi existencia fenomenal. Brevemente, la exigencia moral de la razón me obliga a postular prácticamente la inmortalidad de mi alma y, por lo mismo, la posibilidad de acercarme indefinidamente al ideal moral.[6]

El tercer postulado es el de la existencia de Dios. Sobre este punto, como sobre la inmortalidad del alma, la razón teórica era incapaz de proporcionarme el más mínimo conocimiento. Pero la razón práctica tiene  entrada allí donde la especulación se manifiesta impotente.. Efectivamente, la razón -y no sólo el egoísmo humano- considera que un ser racional como es el hombre tiene necesidad de la felicidad para ser él mismo con toda su plenitud y que precisamente se hace digno de esta felicidad por la virtud, es decir: por esta disposición a obrar bien que se burla de la felicidad para buscar solamente el deber en cuanto tal. En otras palabras: el deseo de la razón es la realización del soberano bien, que consistirá en el acuerdo entre la virtud y la felicidad que la virtud ha merecido. Ahora bien, de hecho, este vínculo no sólo se encuentra raramente -(cuántos justos son desgraciados y cuántos impíos prosperan!- sino que ni siquiera está en poder de la humanidad el realizar eficazmente el bien supremo desde el momento en que la felicidad depende de la buena suerte, es decir, a fin de cuentas, de un orden natural que, en sí, no tiene nada que ver con la moralidad. Por esto, a menos de contradecirse a sí misma, la razón nos impone la obligación de postular prácticamente la existencia de un autor sabio de la naturaleza capaz de realizar el bien supremo, es decir, que moralmente nos hace admitir la existencia de Dios.

La virtud, junto con la felicidad que le corresponde, constituye el bien sumo. Pero la búsqueda de la felicidad jamás engendra virtud (porque, como hemos visto antes, hace que la virtud caiga en el eudemonismo); tampoco la búsqueda de la virtud, no obstante, da origen por sí misma a la felicidad. Por lo menos, esto no es lo que ocurre en este mundo, que no está regido por leyes morales, sino por leyes mecánicas. Sin embargo, la búsqueda de la virtud convierte a las personas en dignas de felicidad, y resulta absurdo ser digno de felicidad y no ser felices. Este absurdo se supera postulando un mundo inteligible y un Dios, omnisciente y omnipotente, que adecue la felicidad a los méritos y al grado de virtud.

En otras palabras: la ley moral me manda que sea virtuoso; esto me vuelve digno de felicidad; por lo tanto, es lícito postular la existencia de un Dios que otorgue en otro mundo aquella felicidad que le corresponde al mérito y que no se consigue en este mundo. Sin tal postulado, se daría una situación absurda, contraria a la razón.

BIBLIOGRAFIA GENERAL:

A) Fuentes

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Crítica de la Razón Práctica, Ed. Sígueme, Salamanca, 1994, (Trad.Miñasa y García Morente)

Lecciones de Etica, Ed. Crítica, Barcelona, 1988 (Trad. Rodriguez Aramayo- Roldán Panadero)

Como orientarse en el pensamiento,, Ed. Leviatán, Bs.As., 1982, (Trad. Carlos Correas)

Los sueños de un visionario, Alianza, Madrid, 1987 (Trad. Chacón- Reguera)

B) Manuales

Carlini, A.; Idealismo, Positivismo y Espiritualismo en: Historia de la Filosofía, Cornelio Fabro (comp.), Rialp, Madrid, 1965, T. II

Copleston, F.; Historia de la Filosofía, Ariel, Barcelona, 1984, T.VI

Hirschberger J., Historia de la filosofía, Herder, Barcelona, 1979

Reale, G. -Antiseri, D.;Historia del pensamiento filosófico y científico, Ed. Herder, Barcelona,      1988, T.II.

Sanz Santa Cruz, V.;Historia de la filosofía moderna, EUNSA, Pamplona, 1991

Urdanoz, T.; Historia de la Filosofía, BAC, Madrid, 1975, T.IV

Vernaux, R.;Historia de la Filosofía moderna, Herder, Barcelona, 1984 

C) Estudios 

Cassirer, E.;  Kant, vida y doctrina, FCE, Mexico, 1978

Colomer, E.; El pensamiento alemán de Kant a Heidegger, Herder, Barcelona,1986, T.I

Coreth, E.- Schöndorf, H.; La filosofía de los siglos XVII y XVIII, Herder, Barcelona, 1987

De Coninck, A.;L'Analytique trascendentale de Kant; B.F. Louvain, Lovaina, 1955

Derisi, O.; El concepto en Kant y en Santo Tomás en : Santo Tomás y la filosofía actual,  EDUCA, Bs. As.; 1975

García Morente, M.; Lecciones preliminares de filosofía; Losada, Bs.As., 1978

Gilson, E.; La unidad del pensamiento filosófico, Rialp, Madrid.

Jolivet, R.; Las fuentes del idealismo, Librería Parroquial, México

Leonard, A.; Pensamiento contemporáneo y fe en Jesucristo, Ed.Encuentro, Madrid, 1985

Llano Cifuentes, A.; Fenómeno y trascendencia en Kant, EUNSA, Pamplona, 1973

Marechal, J.; El punto de partida de la metafísica, Gredos, Madrid, 1959, T.III

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Valverde, C.;  Génesis, estructura y crisis de la modernidad, BAC, Madrid, 1996

Vernaux, R.; Crítica de la Crítica de la razón pura, Rialp, Madrid, 1978


[1] a) Todos los principios prácticos que suponen un objeto o materia (realidad apetecida) de la facultad de desear como fundamento de la determinación de la voluntad son empíricos y no pueden proporcionar ley práctica alguna. [El deseo precede a la norma de conducta por lo tanto el principio será empírico]

b) Todos los principios prácticos materiales son sin excepción de una misma clase y pertenecen al principio del amor propio o de la propia felicidad [Si me mueve a obrar el deseo de algún objeto, lo que busco es placer (que el objeto produce), el cual revela la conciencia del agrado que acompaña toda una vida, es decir, lo que busco es felicidad. La raíz de esta búsqueda es el  amor propio.]

Los principios materiales son una manifestación del amor propio o de la búsqueda de la felicidad. El deseo de felicidad es incompatible con la universalidad de la ley, solo da leyes subjetivamente necesarias (se fundamentan en el grado de placer que me provocan) Aunque todos los hombres estuvieran de acuerdo, sería unanimidad física (como la inclinación a bostezar). El anhelo de felicidad es imposible de convertir en ley universal. No produce armonía sino enfrentamiento.

[2] En la Fundamentación de la metafísica de la costumbres da una sencilla justificación del imperativo categórico a partir de la idea de buena voluntad: "Nada se puede pensar, universalmente hablando, en el mundo, ni aún fuera de él que sin limitaciones sea tenido por bueno, exceptuando una buena voluntad" La inteligencia, la perseverancia, el poder, la riqueza, la salud, los honores, el autodominio,) qué son si la voluntad no es buena?..Ahora, )qué es lo que hace a la voluntad buena sin más? Si la razón nos ha sido dada como una facultad práctica, es decir, como una facultad que debe dirigir la voluntad, es necesario que su verdadero destino sea el de producir una buena voluntad, no como medio para otro fin extraño, sino en sí misma. LA razón lleva a cabo este cometido mediante el concepto del deber. El cumplimiento del deber es lo que hace a una voluntad buena. Pero para ello es necesario no sólo obrar conforme al deber, sino por amor al deber. El deber es la exigencia  de obrar únicamente por respeto a la ley. Solo una voluntad que obra por deber, por el respeto que debe a la ley, puede llamarse buena absolutamente y sin restricciones. Dado que hemos descartado de la voluntad todo otro principio de acción que no sea el mero respeto a la ley, no queda que pueda servirle de norma más que la legalidad de las acciones en general, es decir que "debo obrar siempre de tal modo que pueda querer que mi máxima se convierta en ley universal"

[3] En La paz perpetua Kant se plantea la moralidad o inmoralidad de los ejércitos permanentes. Utilizar unos hombres para que maten o se dejen matar, parece contrario a la máxima que nos impide rebajar al hombre a la condición de medio.

[4] Kant concede en su ética el derecho de ciudadanía a un solo sentimiento: el del respeto. Se trata, sin embargo de un sentimiento suscitado por la propia ley moral, y por tanto es un sentimiento diferente a los demás. La ley moral, enfrentándose a las inclinaciones y a las pasiones, se impone a ellas, abate su soberbia y las humilla: esto suscita en la sensibilidad humana el respeto ante tanta potencia de la ley moral. Se trata de un sentimiento sui generis, de un sentimiento que nace sobre un fundamento intelectual y racional, en la medida en que ha sido suscitado por la razón misma y "este sentimiento -señala Kant- es el único que podemos conocer por completo a priori, y del cual podemos conocer la necesidad"

Evidentemente, el respeto se refiere siempre y de manera exclusiva a personas y nunca a cosas. Las cosas inanimadas y los animales pueden suscitar amor, terror, temor, etc. pero nunca respeto. Lo mismo se aplica al hombre entendido como cosa, es decir, en su aspecto fenoménico: podemos amar, odiar o incluso admirar a una gran inteligencia o a un poderoso, pero el respeto es otra cosa, y nace únicamente frente al hombre que encarna la ley moral. En consecuencia Kant escribe: " Dice Fontenelle:"Ante un poderoso me inclino, pero mi espíritu no se inclina". Yo añado: ante una persona de condición humilde, en la que aprecio rectitud de carácter en una medida que yo soy consciente de no poseer, mi espíritu se inclina, lo quiera yo o no, y aunque levante mucho mi cabeza  para no permitirle que olvide mi rango.)Por qué sucede esto? El ejemplo de esa persona me señala una ley que humilla a mi soberbia, si la comparo a ella con mi conducta; y el hecho mismo pone de manifiesto ante mí que se puede obedecer a esta ley, y que por lo tanto se la puede cumplir. Quizá yo me sienta dotado de un grado similar de honradez: sin embargo sigue existiendo el respeto, porque al ser incompletos en el hombre todos los bienes, la ley -que aquel ejemplo pone en evidencia- continúa siempre humillando mi orgullo; y el hombre que veo ante mí -y cuyas debilidades (que él siempre puede tener) no me son conocidas como me son conocidas las mías, ya que se me presenta con una luz pura- me ofrece una medida de ello. El respeto es un tributo que no se puede rehusar al mérito [moral], lo queramos o no: podremos reprimir sus manifestaciones externas, pero no podemos evitar el sentirlo en su integridad" En este sentido, el respeto puede ayudar -como móvil- a obedecer la ley moral.

[5] Mecanicismo, necesidad, causalidad (condiciones del sujeto como fenómeno) pertenecen al mundo fenoménico.(Hay en Kant una concepción univocista de la causalidad como física y determinante.) La libertad pertenece al noúmeno (es condición del sujeto como cosa en sí) El hombre nouménico es responsable del fenoménico. Pero )Cuándo ocurre la libertad? Kant no ha probado ni pretendió probar la posibilidad de la libertad, se ha contentado con mostrar que no es imposible. La liertad pertenece al ámbito superior de la razón práctica. No puede ser conocida por la razón teórica. Explicar cómo es posible la libertad es  lo mismo que explicar cómo la razón pura puede ser práctica. La razón no puede explicar la razón.

[6] Se trata de un modo insólito de concebir la inmortalidad y la vida eterna (el paraíso): no como una condición en cierto sentido estática o por lo menos no evolutiva, sino como un incremento y un progreso infinitos. Para Kant la inmortalidad y la otra vida son un aproximarse cada vez más a la santidad, un continuo incremento en la dimensión de la santidad.

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